Breve Historia de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación

Para referirse a la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, es necesario contextualizarla dentro de la creación y el camino recorrido por la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en tanto unidad académica de larga data.

La UMSA fue denominada inicialmente como Universidad de La Paz, y fue creada mediante el Decreto Supremo del 25 de octubre de 1830 firmado por el Mariscal Andrés de Santa Cruz y el Ministro del Interior, don Mariano Enrique Calvo. Así se inauguraron oficialmente sus actividades académicas el 30 de noviembre del mismo año. Sus fundadores fueron José María Dalence y José Agustín Fernández de Córdova.

A través del Decreto Supremo de fecha 30 de noviembre de 1830; es decir, ni bien iniciadas las actividades académicas, se derogó el decreto anterior, modificando el nombre como Universidad Menor de San Andrés. Esta fue una expresión de reconocimiento y agradecimiento al presidente Andrés de Santa Cruz. Fue el 28 de mayo de 1927 que adquirió su nombre definitivo, el cual perdura hasta la actualidad como Universidad Mayor de San Andrés en homenaje a su fundador. En el primer estatuto de 1832 figuraba la Cátedra de Filosofía, en la que los contenidos giraban en torno al estudio de la ideología, geometría, álgebra, matemáticas, física, trigonometría y moral.

Durante el gobierno de José Ballivián en 1845 se aprobó un Estatuto Universitario que contemplaba las siguientes cinco facultades: Teología, Derecho y Ciencias Políticas; Medicina; Ciencias Matemáticas y Física; y la Facultad de Filosofía y Humanidades. Asimismo, se establecieron los grados académicos de bachillerato y licenciatura, aunque el trabajo académico de las humanidades fue inexistente.

La Facultad de Humanidades habría tenido 171 años de existencia, pero llegó prácticamente a desaparecer hasta la década de los años cuarenta, debido a que sus actividades académicas eran mínimas y sin ninguna relevancia en los hechos. En el siglo XX, el rector Héctor Ormachea Zalles reimpulsó en 1944 a la Facultad de Humanidades con un nuevo plan de estudios dirigido por Roberto Prudencio.

La universidad logró conquistar la autonomía universitaria en los años treinta, preparando el terreno para el establecimiento de nuevas perspectivas desde las ciencias humanas que tienen un realce político e ideológico con la Revolución Nacional de 1952. De hecho, en 1954 se estableció el co-gobierno paritario y el ingreso libre.

A comienzos de 1964, la UMSA autorizó para que la facultad Filosofía y Letras se dividan en tres partes y ofrezca planes de estudio en Historia, Literatura y Filosofía. Dos años después (24 de enero de 1966), una resolución del consejo universitario estableció una nueva división en cuatro áreas, creando las licenciaturas en Filosofía, Historia, Literatura (anteriormente denominada de Escuela de Letras) y Pedagogía, que posteriormente cambió su nombre a Carrera de Ciencias de la Educación.

Los años sesenta se caracterizaron por una incertidumbre y una fuerte represión autoritaria. La Revolución del 52 empezó a degenerar rápidamente y el golpe de Estado de 1963 inviabilizó toda posibilidad de fortalecer las reformas sociales, la universidad y el desarrollo democrático. Los sesenta trajeron, sin embargo, la efervescencia revolucionaria con los intentos del Che Guevara en 1967 y Teoponte en 1969. La experiencia universitaria muestra que un nuevo tipo de activismo político fue madurando a riesgo de ser reprimido durante las dictaduras hasta alcanzar la Revolución Universitaria de 1970.

La fundación de las diferentes carreras también tuvo una evolución importante. En 1970 se toma la decisión para que el departamento de idiomas que funcionaba en ingeniería pase a depender de la Facultad de Filosofía y Letras, convirtiéndose en Carrera de Lingüística e Idiomas en 1972. Este mismo año se funda el Instituto de Estudios bolivianos. La Escuela de Bibliotecarios fue creada en pleno auge del Consejo Supremo Revolucionario de la UMSA en 1970. Posteriormente se transforma en Carrera de Bibliotecología y Ciencias de la Información en 1979.

El golpe de Estado de 1971 no solamente destruyó todas las formas de activismo revolucionario y reivindicaciones populares, sino que sumió a la universidad en una profunda domesticación institucional. Se fundó el Consejo Nacional de Educación Superior (CNES) que gobernó la universidad con una política autoritaria y el intento de profesionalizar a los estudiantes con un criterio desarrollista, pero sin una mirada que institucionalice el conocimiento científico y la libertad de pensamiento. Durante este periodo, la Facultad de Filosofía y Letras cambió de nombre por Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en agosto de 1972.

En julio de 1974 se organizó un comité inter-facultativo conformado por docentes, estudiantes y administrativos de la universidad, quienes se opusieron abiertamente a todas las disposiciones de la dictadura dentro de la educación superior, siendo reprimidos violentamente por las fuerzas paramilitares del dictador Hugo Banzer. Sin embargo, se logró la desaparición del CNES y la realización de la V Conferencia de Universidades en 1978, recuperándose la autonomía y la libertad de expresión.

Con la elección del ingeniero Hugo Mansilla como rector, la Facultad de Humanidades tuvo nuevas autoridades bajo la dirección del Dr. René Calderón. Empero, una vez más la Universidad fue clausurada por el golpe de estado de Luis García Meza en 1980 y reabierta bajo las disposiciones del Consejo Nacional de la Universidad Boliviana (CONUB) en 1981.

Los años ochenta marcaron el inicio del periodo democrático que en 1982 instauró el gobierno constitucional de Hernán Siles Zuazo. La UMSA recuperó su activismo ideológico y fue el escenario de intensas discusiones sobre el rumbo de la democracia con una fuerte politización que facilitó el ingreso libre y la fundación de nuevas carreras como Psicología y Ciencias Políticas que se abrieron entre 1983 y 1984.

En 1982 la Facultad de Humanidades reorganizó sus actividades académicas y realizó en 1983 sus primeras elecciones de la época democrática para decano, siendo elegido el Dr. Arturo Orías. La carrera de Turismo se creó en 1986 y Raquel Montenegro fue la primera mujer que se convirtió en Vicedecana de la Facultad. En esta época, la UMSA tuvo que reorientar sus políticas para enfrentar la educación superior a partir de la investigación, la tolerancia ideológica y la formación de calidad. Estas exigencias condujeron a realizar el Primer Congreso de la UMSA en 1988, evento muy complejo y conflictivo que trató de delinear una nueva identidad institucional pero no logró sus grandes objetivos de reforma institucional.

El ingreso de la universidad a los años noventa estuvo signado por la fuerza de las políticas de economía de mercado, la privatización de la educación superior, con la apertura muchas universidades privadas que generaron una competitividad intensa, y la necesidad de establecer nuevos estándares de calidad. La Facultad de Humanidades estuvo atenta a cómo intervenir en las nuevas tendencias, en medio de las denominadas “reformas estructurales” de las Leyes de Capitalización, Reforma Educativa y Participación Popular. En 1993 se realizó el Foro Facultativo gracias al impulso del Dr. Guillermo Mariaca. En este evento, se discutieron los informes de las sectoriales en cada una de las carreras, la institucionalización, evaluación del presupuesto e intentos para mejorar la infraestructura.

Los años noventa trajeron un lamentable divorcio entre el funcionamiento institucional y académico de la UMSA, junto a una sociedad boliviana donde el mercado laboral se había convertido en un escenario fuertemente segmentado, sujeto a la flexibilización laboral y la desregulación completa sobre el tipo de recursos humanos que se requerían para una economía de mercado que también fue deteriorándose hasta desprestigiarse por los negativos resultados del Ajuste Estructural en la reducción de pobreza y la persistencia de la desigualdad. La universidad boliviana no pudo responder a los grandes desafíos de la economía de mercado y los intentos por consolidar el régimen democrático.

Los años 2000 ya en el siglo XXI reinsertaron la discusión política para cuestionar profundamente las políticas neoliberales con la Guerra del Agua. La Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación constituye una instancia de crítica social, producción teórica y formación profesional concentrada en la educación humanística integral; sin embargo, perdió mucho espacio para ser reconocida como un referente en la sociedad civil. La Facultad se debate actualmente entre la acreditación de sus carreras para mejorar la calidad y la búsqueda por responder a los desafíos de la sociedad, en un momento donde las reflexiones sobre interculturalidad, Estado Plurinacional y nuevos paradigmas del desarrollo, problematizan completamente los viejos patrones de la sociedad boliviana ligados al crecimiento económico, la industrialización y la formación universitaria tradicional y profesional.

Somos una Unidad Estratégica, productora de conocimiento (crítico, científico, humanístico), referente e impulsora del desarrollo sostenible, interacción social y resiliencia a nivel local, regional, nacional e internacional, mediante una gestión científica, académica y humana con una estructura organizativa idónea, para beneficio del país y la sociedad en su conjunto.

Formar profesionales e investigadores competentes, éticos y comprometidos con la sociedad, la interacción social, el desarrollo sostenible y la resiliencia, generando y aplicando conocimientos científicos, críticos y liberadores a través de la investigación, interacción social y la innovación educativa y cultural con alto nivel científico y humano, reflexionando sobre las identidades pluriculturales, respondiendo a las demandas y a las expectativas socio-económicas, culturales y artísticas, desde la transdisciplinariedad.

Construir conocimiento, y preservando nuestro patrimonio natural y cultural y rescatando los valores y las identidades interculturales y forjando con creatividad y rigor científico contenidos críticos y liberadores, herramientas y recursos innovadores que impulsen las potencialidades humanas, y permitan dar solución a los problemas que atingen a la realidad social local, regional, nacional e internacional, contribuyendo al desarrollo sostenible, a la interacción social y la resiliencia.